Muchacha imperfecta busca hombre imperfecto de 32, exige lectura de Ovidio, ofrece: a) dos pechos de paloma, b) toda su piel liviana para los besos, c) mirada verde para desafiar el infortunio de las tormentas; no va a las casas ni tiene teléfono, acepta imantación por pensamiento. No es Venus; tiene la voracidad de Venus.
Pedales de bicicleta: maquinillas de cortar el pelo a las distancias.
Pingüino: es una palabra atacada por las moscas.
Los gansos andan en zapatillas.
El ciprés es un pozo que se ha hecho árbol.
La mariposa lleva a su gusano de viaje.
Sólo el poeta tiene reloj de luna.
El gato tiene pelo de presidiario.
La cebra es un animal que luce por fuera su radiografía interior.
Idem" es una palabra ahorradora.
Al ombligo le falta el botón.
En el río pasan ahogados todos los espejos del pasado.
Los cocodrilos están siempre en pleno concurso de bostezos.
La serpiente mide el bosque para saber cuantos metros tiene y decírselo al ángel de las estadísticas.
Los dulces finos son servidos en diminutos paracaídas.
El café con leche es una bebida mulata.
Estamos mirando el abismo de la vejez y los niños vienen por detrás y nos empujan.
Tenía tan mala memoria que se olvidó de que la tenía y comenzó a recordarlo todo.
Mientras nos bañamos se nos ahogan algunos recuerdos.
Trineos: mecedoras para la nieve.
Era un pintor tan viejo que se le habían quedado los pinceles calvos.
El acordeón tenía los pantalones rotos.
Aquel despacho olía a libros malos.
Los cereales son náufragos perdidos en la leche, la cuchara es el barco que los rescata.
El mar es azul porque el cielo destiñe cuando llueve.
Cuando caen rayos hay que decir ¡pa-taa-taaa!
Greguería = Humorismo + Metáfora
Se me olvidan muchas más frases que, a buen seguro, me dejo en el tintero. Son divertidas, ocurrentes, imaginativas y emotivas por la sencilla razón de que transgreden lo evidente, lo simple y lo común.
A Ramón Gómez de la Serna le debemos más de una, greguería me refiero. Fue allá por los inicios del siglo XX cuando este humilde caballero español soltó la melena de las vanguardias y se paseó por las ciudades de una España tan ancha como la cintura de un alfiler. Empezó participando en tertulias de aquel Café Pombo, alojado en una calle de librerías y tiendas ortopédicas, y no dejó de escribir, dejando a su paso y tras él una prolífica y vasta obra que llega hasta nuestros días.
Ser capaz de imitar de tal manera los distintos cantares de un gallo y escribir obras como Automoribundia, sólo puede ser fruto de la mente de un genio hecho persona.