Pero hay otros significados más primitivos basados en el hap -que en inglés medio era happ, y en inglés antiguo, gehapp-, el azar o la fortuna, buena o mala, que te corresponde. Hap es lo que te ha tocado en la vida, las cartas con las que tienes que jugar.El modo en que afrontes tu hap determinará si serás feliz o no (happy).
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miércoles, 24 de abril de 2013
Happy
sábado, 1 de diciembre de 2012
Aquella idea
Y de repente un día no podía imaginarse con nadie más.
Estaba en todas las fotografías del mundo, tenía el sabor de todos los helados, el olor de cada jazmín, el brillo de cada constelación. Y ya no importaba cuánta distancia hubiese, ni aquel cielo azulado en un otoño en expansión. Era indiferente que noviembre acabara de terminar.
El universo era un mito y solo ellos podían hacerlo real.
Conquistarían cada recoveco de un mundo llamado Deirdre y llamarían a sus hijos Luna y Sol. Ya estaba decidido. Vivirían sobre una hoja de nenúfar y comprarían algodón de azúcar los domingos por la mañana. Ella se pintaría las uñas de cada dedo de un color y el llevaría la pulsera de espigas que le había regalado. Su única arma sería de nácar y la esconderían tras los labios.
Aquella idea cobraba fuerza, a cada paso era más sólida. Aquella idea la invadía, lentamente. Aquella idea se derramaba dentro, le recorría los ojos, bajaba por sus labios, le alcanzaba las clavículas y le prendía el corazón. Impulsada desde cada ventrículo le inundaba el estómago. Al ritmo de su respiración, aquella idea, fluía por su vientre, caía en el abismo oculto entre su falda, resbalaba en sus muslos y yacía bajo sus pies.
Aquella idea explosionó, partida en mil millones de colores.
Aquella idea viviría siempre en sus pupilas, el lugar donde se hizo el amor.
Aida H.C
jueves, 23 de agosto de 2012
He llevado a cabo una labor, una grata labor dirigida al mundo y destinada a consolar nobles corazones: a aquellos a los que aprecio y al mundo sobre el que descansa el mío propio. No me refiero al mundo común, a ese mundo de los que, según he oído decir, no pueden soportar el dolor y únicamente ansían estar inmersos en la felicidad. ¡Que Dios se lo permita!
Mi historia no está dirigida ni a su mundo ni a su forma de vivir; su vida y la mía son dos mundos aparte. Es a otro mundo al que me dirijo, al mundo que lleva en su corazón una carga de dulce amargura, que se deleita con ello y con el dolor de la nostalgia, que ama la vida y se entristece con la muerte, que ama la muerte y se entristece con la vida.
Dejad que tenga mi mundo en ese mundo, que me condene y me salve con él.
miércoles, 8 de agosto de 2012
"Esta es la foto que tenía mi madre en su dormitorio. Cuando era un niño creía que era mi mano regalándole margaritas. Ahora lo veo de otra forma. Y pienso que es su mano la que me ofrece las margaritas a mí, mientras dice: Toma, algo sencillo y alegre es lo que quise entregarte".
Desde el primer minuto sabes que estás frente a una historia tan humanamente real que hiere. Aun así, cada segundo disfrutas de la delicia que contiene cada fotograma, la luz, las miradas, las palabras, los objetos, cada melodía. Con cada segundo experimentas una extraña sensación de pérdida; te acercas al final, la belleza es efímera.
Inanimados
Eso que ves a la deriva es mi visión de la vida. Lo hago constantemente. Floto y fluyo.
Antes vivía preocupada porque necesitaba saber hacia dónde iba. Ahora sé que solo necesito creer que voy a alguna parte, aunque solo sea para sobrevivir. Y a veces me entristece no tener un rumbo, no elegir un camino, no conseguir definir un trayecto y llegar hasta él. Otras veces comprendo que ni es tan malo ni tiene tanta importancia. Sigo a flote, a la deriva, pero a flote. Y observo el mundo y lo que contiene. Cada objeto inanimado es un pedazo de alguna historia, la declaración de una persona o una metáfora de la vida.
Crecí en una casa donde no se solía hablar demasiado, donde el silencio formaba parte de la dinámica del día a día. Y simplemente aprendí a mirar al mundo. Un acto fascinante, doloroso, adictivo.
Aida H.C
martes, 3 de julio de 2012
¿Por qué?
Elegimos nuestro camino a lo largo de interminables
estanterías seleccionando este o aquel volumen por ninguna razón claramente
discernible: por la cubierta, por el título, por un nombre, por algo que
alguien dijo o no dijo, por una corazonada, por capricho, por error, porque
creemos que podemos encontrar en ese libro un relato, un personaje o un detalle
determinados, porque creemos que fue escrito para nosotros, porque creemos que
fue escrito para cualquiera menos para nosotros y queremos saber por qué hemos
sido excluidos, porque queremos aprender, o queremos reír o queremos
entregarnos al olvido.
- Vía Librosfera
sábado, 23 de junio de 2012
Mi
"Veo un músico, un músico famoso.
Van a suspenderme en Cultura General porque reconozco su cara y no recuerdo su
nombre. ¿Por qué serán tan feos los grandes músicos y tendrán el ceño y el mentón
crispado y cara de muleros, cuando sus almas deben ser de seda y su corazón del
olor de una flor? Sus dedos resbalan sobre el piano y mi alma se sobrecoge porque lo que esta creando es bellísimo. Me gusta y me admiro de lo que oigo
tanto como mi capacidad para retenerlo, ya casi me lo sé de me memoria. La razón
es muy sencilla. El pianista comienza, se inspira, sus dedos tan pronto rozan
como golpean, como acarician las teclas. Pero al llegar a un punto determinado,
se detiene, tuerce el gesto, alza los ojos al vacío, buscando algo que no
encuentra, se enfada, y cierra con violencia el piano.
Le veo pasear, golpear
el suelo con los pies como un niño rabioso. Vuelve al piano. Cuando son sus
dedos los que hablan, vuelvo a quedar extasiada. Pero al llegar al mismo punto
que antes, se detiene, se peina los cabellos y jura no pasar adelante sin
encontrar lo que busca. Y entonces, solo entonces, caigo en la cuenta de que a
quien busca es a mí. A mí, en la doble acepción del término: porque yo soy
"mi", la nota musical "mi", y me he escurrido
voluntariamente de su inspiración porque hoy es mi cumpleaños y quiero tomarme
unas vacaciones. Además, me enfada tanta obstinación. Tiene mil combinaciones
posibles para seguir adelante sin necesidad de utilizarme. Estoy agazapada, sin
moverme de mi escondrijo. En el momento mismo en que me desplace o intente
cambiar de postura, me advertirá: "Aquí te tengo" -dirá triunfal. Y
me utilizará como un escritor utiliza una diéresis o unos puntos suspensivos. Y
hoy quiero ser para mí misma. Me había prometido una noche de libertad y lo
conseguiré mal que le pese a este monstruo de la naturaleza: tirano de los de
su especie.
Cuando yo era pequeña, era un
puro sonido cristalino producido por una gota de agua al chocar con una piedra
en un manantial que nacía del Kilimanjaro. A pesar de mis pocos años no tarde
en comprender que un ruiseñor se había prendado de mí. Se posaba una y otra vez
sobre una rama que se abatía sobre el agua y me escuchaba con profunda atención.
Movía la cabeza con gran complacencia intentando percibirme, y aunque eran
muchas las distintas notas que brotaban de aquel manantial, cuando la que sonaba
era yo, experimentaba un extraño temblor y sus plumas se espojoneaban de
placer. Una mañana, al alba, no podre olvidarlo nunca, el ruiseñor se puso a
cantar. Había conseguido meter en sus garganta a casi todas las notas de lo que
hoy se llama pentagrama, excepto a mí. No puedo ocultar que fui feliz cuando me
raptó, porque era mucho más fascinante viajar con él que permanecer siglos y
siglos anunciando a la gota que caía sobre la piedra.
El ruiseñor fue un excelente
maestro de cantores y, a lo largo del tiempo, fui siendo heredera de padres a
hijos por los descendientes de quien me robó. Hasta que un día, pasados los
siglos, vi que un hombre peludo hacia con el ruiseñor lo que el ruiseñor hizo
con la gota de agua. Tenia en los labios un instrumento formado de varios tubos
de caña que creo que ahora se llaman "siringa", y soplaba por ellos y
producía sonidos; unos gratos, desapacibles otros. Intentaba sobre todo imitar
una nota que la garganta del ruiseñor poseía, pero su siringa no. Cuando lo
consiguió, mi destino cambió de norte. ¿Mentiría al decir que fui más feliz con
los ruiseñores que con el manantial, y más aún con los hombres que con los
ruiseñores? Estos son más perversos, pero más artistas. El ruiseñor me usaba
para advertir a sus congéneres y sus rivales que en aquella fronda había
establecido su cazadero de moscas, mosquitos y pulgones voladores, y que nadie
se atreviese a acercarse. Hora es ya de deshacer el equivoco de que los
ruiseñores cantan para atraer a su pareja. Mentira. El suyo no es un canto de
amor, sino de guerra. Y si las hembras se acercan a ellos es porque saben que
tienen piso, que están bien instalados, y que ese no seria mal sitio para
erigir un hogar. El hombre, en cambio, me utiliza sin buscar en mí utilidad
alguna. He sido una nota muy feliz con los humanos. Solo por placer. Por gusto
de crear y recrearse conmigo. He sido una nota muy feliz con los humanos. Han
abusado de mí, pero...
¿de quien no han abusado?"
Os recomiendo ver la película El velo pintado (The painted veil), una película que muestra la gran calidad del actor Edward Norton. Nunca es tarde para recapacitar sobre cada uno de los pasos dados en la vida, aunque solo nos quede eso, recordarlos con alegría o con dolor, nunca es tarde para estrujarlos hasta que derramen ese gota de sabiduría.
viernes, 19 de febrero de 2010
Sorda, ciega, muda... no testaruda
Voy a proponerte un juego.
Vas a necesitar las manos para ello ¿Listo?
Entonces, mira a tu alrededor. ¿Dónde te encuentras?¿Es una habitación o estás al aire libre?
En cualquier caso quiero que recorras el lugar con la mirada, muy lentamente, de derecha a izquierda. Pon alerta todos los sentidos. Y haz un esfuerzo por recordar todas tus sensaciones. Porque luego voy a hacerte una pregunta sobre ellas.
¿Preparado? Adelante, mira de derecha a izquierda. Yo también lo voy a hacer.
¿Ya?¿Te has fijado bien en los detalles, en todos los detalles? Entonces, aquí está mi pregunta:
Yo sí me he fijado en los sonidos. Por mí ventana abierta se escuchaba el sonido de los coches de la calle: en el patio, un grupo de obreros levanta un andamio y se oían los sonidos de las barras, martillos y llaves, y el silbido de alguno de los operarios canturreando alguna canción de moda; dentro del piso, suena el ronroneo del ordenador. Sonidos pequeños, sin los cuales el mundo no sería el mismo.
Haz ahora otra vez el juego tapándote los oídos con las manos.
Verás como no oyes nada. Y así, al no oír esos sonidos del ambiente, comprendarás su importancia. Si de pronto dejáramos de oírlos, nos asustaríamos mucho ¿No crees?
Por eso, las personas que no oyen, las personas sordas, pueden sentirse aisladas y temerosas. Pero al mismo tiempo observan el mundo de distinta manera que nosotros, con mucha más atención y profundidad.
El cielo que ve un sordo es distinto al que vemos los demás, porque el suyo no tiene sonidos. Es un cielo mudo ¿Lo imaginas? Los sordos lo ven todo de otra manera.
Hay que saberlo para entenderlos, para respetarlos un poco más.
Vas a necesitar las manos para ello ¿Listo?
Entonces, mira a tu alrededor. ¿Dónde te encuentras?¿Es una habitación o estás al aire libre?
En cualquier caso quiero que recorras el lugar con la mirada, muy lentamente, de derecha a izquierda. Pon alerta todos los sentidos. Y haz un esfuerzo por recordar todas tus sensaciones. Porque luego voy a hacerte una pregunta sobre ellas.
¿Preparado? Adelante, mira de derecha a izquierda. Yo también lo voy a hacer.
¿Ya?¿Te has fijado bien en los detalles, en todos los detalles? Entonces, aquí está mi pregunta:
¿A que te he pillado? Esperabas que te preguntara por las cosas que has visto, no por las cosas que has oído.¿Cuántos sonidos has escuchado mientras mirabas de un lado a otro?
Yo sí me he fijado en los sonidos. Por mí ventana abierta se escuchaba el sonido de los coches de la calle: en el patio, un grupo de obreros levanta un andamio y se oían los sonidos de las barras, martillos y llaves, y el silbido de alguno de los operarios canturreando alguna canción de moda; dentro del piso, suena el ronroneo del ordenador. Sonidos pequeños, sin los cuales el mundo no sería el mismo.
Haz ahora otra vez el juego tapándote los oídos con las manos.
Verás como no oyes nada. Y así, al no oír esos sonidos del ambiente, comprendarás su importancia. Si de pronto dejáramos de oírlos, nos asustaríamos mucho ¿No crees?
Por eso, las personas que no oyen, las personas sordas, pueden sentirse aisladas y temerosas. Pero al mismo tiempo observan el mundo de distinta manera que nosotros, con mucha más atención y profundidad.
El cielo que ve un sordo es distinto al que vemos los demás, porque el suyo no tiene sonidos. Es un cielo mudo ¿Lo imaginas? Los sordos lo ven todo de otra manera.
Hay que saberlo para entenderlos, para respetarlos un poco más.
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