domingo, 28 de abril de 2013

¿Quién muere?


Martha Madeiros
Martha Medeiros


Muere lentamente
quien se transforma en esclavo del hábito,
repitiendo todos los días los mismos trayectos,
quien no cambia de marca.
No arriesga vestir un color nuevo y no le habla a quien no conoce.

Muere lentamente
quien hace de la televisión su gurú.

Muere lentamente
quien evita una pasión,
quien prefiere el negro sobre blanco
y los puntos sobre las “íes” a un remolino de emociones,
justamente las que rescatan el brillo de los ojos,
sonrisas de los bostezos,
corazones a los tropiezos y sentimientos.

Muere lentamente
quien no voltea la mesa cuando está infeliz en el trabajo,
quien no arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño,
quien no se permite por lo menos una vez en la vida,
huir de los consejos sensatos.

Muere lentamente
quien no viaja,
quien no lee,
quien no oye música,
quien no encuentra gracia en sí mismo.

Muere lentamente
quien destruye su amor propio,
quien no se deja ayudar.

Muere lentamente,
quien pasa los días quejándose de su mala suerte
o de la lluvia incesante.

Muere lentamente,
quien abandona un proyecto antes de iniciarlo,
no preguntando de un asunto que desconoce
o no respondiendo cuando le indagan sobre algo que sabe.

Evitemos la muerte en suaves cuotas,
recordando siempre que estar vivo exige un esfuerzo mucho mayor
que el simple hecho de respirar.
Solamente la ardiente paciencia hará que conquistemos
una espléndida felicidad.

La muerte lenta

Este precioso poema se ha atribuido muchas veces erróneamente al gran Pablo Neruda. Sin embargo, su autoría pertenece a la fluminense Martha Medeiros (1961), periodista y poeta, quien lo publicó el 1 de Noviembre de 2000, día de los Difuntos, en el periódico Non-Stop, Crônicas do Cotidiano bajo el título "A Morte Devagar".

No muráis lentamente.

Fuentes:

miércoles, 24 de abril de 2013

Happy


Pero hay otros significados más primitivos basados en el hap -que en inglés medio era happ, y en inglés antiguo, gehapp-, el azar o la fortuna, buena o mala, que te corresponde. Hap es lo que te ha tocado en la vida, las cartas con las que tienes que jugar. 
El modo en que afrontes tu hap determinará si serás feliz o no (happy).

martes, 23 de abril de 2013

Incandescente



"And above all, watch with glittering eyes the whole world around you because the greatest secrets are always hidden in the most unlikely places. Those who don't believe in magic will never find it."
"Y, sobre todo, mirar con  ojos brillantes todo el mundo que te rodea, porque los mayores secretos están siempre escondidos en los lugares más inverosímiles. Aquellos que no creen en la magia nunca la encontrarán."














Es fácil olvidar algunas cosas importantes. Olvidar, por ejemplo, que la vida es un regalo -a veces un mal regalo, pero ofrenda, aún así-. Olvidar, sin querer, que estamos vivos; olvidar, por descuido o por interés, que todos estamos llamados a hacer algo. Postergar en un rincón que la vida es una lucha siempre -siempre una lucha-.

Cuando pienso que todo está inventado, que los malos son más que los buenos, que las desgracias son numerosas, y peores, que las alegrías; cuando caigo en la cuenta de lo tedioso que resulta mirar rostros insustanciales ataviados con miradas perdidas, grises, traslúcidas. Cuando repienso -sí, a veces vuelvo a pensar lo pensado- en cuántas cosas se han apagado por la desesperanza, el infortunio, la falta de valor o, simplemente, la creencia en su imposibilidad, es entonces cuando siento que queremos caer en ello.

Queremos jugar al juego que otros -sean quienes sean- han marcado.

"Vamos a jugar a algo que no quieres jugar, con unas normas en las que tú no has tenido nada que ver. Y sonríe, porque en realidad, estoy haciendo por ti lo que tú eres incapaz de hacer."

Acepta las normas, todas, sin cuestionarte nada, sin preguntarte porqué esas y no otras. Eso nos han dicho. No con esas palabras, claro; tampoco quizá de esas formas, pero es así, sucede, podríamos decir, como sucede que la nieve seca se hace vapor por sublimación.

Obviamente no digo que en un mundo globalizado e hipersocializado como en el que vivimos no deban existir normas para convivir, que faciliten la aproximación de posturas, de ideas y de creencias. Pero eso dista mucho de olvidar que también tenemos la capacidad de escuchar la voz de nuestro instinto, esa que hemos silenciado junto con la maravillosa y extraordinaria capacidad de crear nuestros propios juegos y normas. Es evidente que de los siete mil millones de seres humanos que se estima que hay en la Tierra, solo un pequeño porcentaje tendrá la posibilidad de percatarse de esta realidad. Peor, solo un número aún menor tendrá la suerte o capacidad para decidir a qué quiere jugar.

No sé si tú eres de los afortunados que han decidido vivir la vida, sin pisotear el juego de los demás, sin olvidar tu propio juego. No sé si crees que merece la pena luchar por tu juego o es mejor jugar al de los demás, aunque no te guste, aunque no lo entiendas, aunque sea injusto. Sea como sea, quiero recordar que la diferencia puede estar en ti; sí, es cierto, nadar contracorriente es francamente agotador, pero también, hay que decirlo, es una forma de elegir el qué has venido a hacer aquí.




domingo, 14 de abril de 2013

Let her go


Passenger - Let her go 



Well you only need the light when it's burning low.
Only miss the sun when it starts to snow.
Only know you love her when you let her go.
Only know you've been high .
When you're feeling low.
Only hate the road when you're missing home.
Only know you love her when you let her go.
And you let her go.

Staring at the bottom of your glass,
Hoping one day you'll make a dream last,
But dreams come slow and they go so fast.

You see her when you close your eyes
Maybe one day you'll understand why
Everything you touch surely dies.

But you only need the light when it's burning low.
Only miss the sun when it starts to snow.
Only know you love her when you let her go.
Only know you've been high when you're feeling low.
Only hate the road when you're missing home.
Only know you love her when you let her go.

Staring at the ceiling in the dark,
same old empty feeling in your heart,
because love comes slow and it goes so fast.

Well you see her when you fall asleep.
But never to touch and never to keep.
Because you loved her too much .
And you dived too deep.

Well you only need the light when it's burning low
Only miss the sun when it starts to snow
Only know you love her when you let her go
Only know you've been high when you're feeling low
Only hate the road when you're missing home
Only know you love her when you let her go
And you let her go.
And you let her go.
Well, you let her go.

Because you only need the light when it's burning low.
Only miss the sun when it starts to snow.
Only know you love her when you let her go.
Only know you've been high when you're feeling low.
Only hate the road when you're missing home.
Only know you love her when you let her go.

Because you only need the light when it's burning low.
Only miss the sun when it starts to snow.
Only know you love her when you let her go.
Only know you've been high when you're feeling low.
Only hate the road when you're missing home.
Only know you love her when you let her go.
And you let her go.

Silencio

Vendrá. 
Como una golondrina en primavera. 



A veces tengo la impresión de estar viviendo situaciones en épocas incorrespondidas. Desde hace unos años, en primavera, cuando las flores florecen, las tardes atardecen y otros deciden engendrar; cuando es tiempo de descubrirse, de salir y disfrutar del buen tiempo, cuando todo esto pasa, resulta que en mi vida algo muere. Sí, algo acaba.

Puedo verlo como el fin de un fin. O como el principio de un nuevo principio. Como algo que muere o como la oportunidad para que crezca algo nuevo. Pero lo cierto es que ninguna de las dos cosas son excluyentes. Pero así es la vida ¿no? El ciclo de la vida. Nacer, vivir y morir. Todas esas cosas que sabemos y a la vez ignoramos.

Así que, esta primavera, siguiendo el ritual, las flores florecerán, las tardes atardecerán y otros decidirán engendrar; en mi caso, algo morirá. Quizá, una golondrina anide en mis ojos; quizá ella encuentre el hilo de Ariadna.




jueves, 7 de marzo de 2013

Esperas

Dos de los poemas inéditos de Mario Benedetti.



se oyen pasos
de alguien que no llega nunca

uno sigue esperando
sin responder a nadie
entre otras cosas porque
las sombras no preguntan
uno estira el silencio
abandonado y torpe
con los ojos abiertos
y la esperanza inmóvil
el cielo está tan lejos
y la tierra tan cerca
que no vale la pena
soñar con el futuro

en secreto se aguardan
noticias del vacío
y sin embargo nadie
se asoma entre la niebla

sábado, 5 de enero de 2013

Los miserables

Hubo un tiempo cuando los hombres eran amables
y sus voces eran suaves
y sus palabras acogedoras.
Hubo un tiempo, cuando el amor era ciego
y el mundo era una canción
y la canción era emocionante.
Hubo un tiempo.
Luego todo salió mal.
Soñé un sueño tiempo atrás
cuando la esperanza era grande y valía la pena vivir.
Soñé que el amor nunca moriría.
Soñé que Dios perdonaría.
Entonces era joven y no tenía miedo.
Y los sueños se creaban, se utilizaban y se gastaban.
No había deudas que pagar 
no había canciones sin cantar
ni vinos sin probar.

Pero los tigres vienen en la noche
con sus voces tan suaves como estruendosas
mientras te arrancan la ilusión
y convierten tu sueño en vergüenza.
El durmió un verano a mi lado
llenó mi días de un asombro sin fin.
Tomó mi infancia a su paso.
Pero se fue cuando el otoño llegó
y sigo soñando que volverá a mí
que viviremos juntos los años.
Pero hay sueños que no pueden ser
y hay tormentas que no podemos capear.
Tuve un sueño en el que mi vida sería
tan diferente de este infierno que estoy viviendo
tan diferente ahora de lo que pareció.
Ahora la vida ha matado 

el sueño que soñé.



I dreamed a dream - Anne Hathaway (Los Miserables)

Un azulejo blanco


Aves en un pantanal de Mato Grosso (Brasil)
Fotografía de Mike Bueno (2010)


Me hubiera quedado allí el resto de mi vida. Mirando aquel azulejo blanco, aquel punto negro; escuchando el pasar de gente desconocida caminando hacia una dirección posiblemente equivocada. Encerrada en uno de los dos baños de la primera planta sentía como mi respiración se aceleraba, el sonido parecía derramarse en el pecho, en los oídos y hasta por las paredes de la estrecha habitación. Esto es la intimidad, pensé, una hermosa y triste metáfora, un intento desesperado por salvaguardar lo sagrado.

Y así estaba yo, sentada sobre la taza del inodoro, puerta izquierda, primera planta. No era lugar para llorar, ni para refugiarse, ni para esconderse. Aquel habitáculo solo conjugaba con verbos como verter, deshacer, abandonar, y aún así, había algo lírico en él. Como en Memento retrocedí la memoria en imágenes: azulejo blanco, punto negro,  respiración agitada, gota fría surcando los labios, frío en las manos. El mundo parecía en calma, sí -¿por qué no?-, una pequeña gota de caos no es nada frente a un universo.

Me enjugué las lágrimas y crucé la puerta. Me miré en el espejo -continúa-, me lavé las manos -sigue-, recogí la mochila y la chaqueta -no te pares-, y salí al pasillo. Arrastré mis pies hasta la mesa más próxima, deposité en ella mis cosas, aparté la silla y me senté.

Sí, esa era yo, un color invisible, un frecuencia inalcanzable, una imagen más, una persona menos. Extraje mi libreta y un lápiz -respira-. Y comencé a escribir: 


"Me hubiera quedado allí el resto de mi vida [...]".


Un Piano Sur La Mer - André Gagnon

domingo, 9 de diciembre de 2012

Mira

Ludovico -  Nightbook


Mira
Una lágrima.
Una oración.
Este es tu equipaje.
Esta es tu canción.

Tin tin tin.
Con cada pestañeo, tintinea
tintinea tu corazón,
golpea el pecho,
late el interior.

Tin tin tin.
Con cada paso, tinta
tinta tu corazón,
cambia su color,
pinta el exterior.

Mira.
Abre bien los ojos.
Un solo disparo,
directo al esternón.
Una lágrima.
Una oración.
Ese es tu equipaje.
Esa es tu canción.


Aida H.C



sábado, 1 de diciembre de 2012

Aquella idea

Y de repente un día no podía imaginarse con nadie más.

Estaba en todas las fotografías del mundo, tenía el sabor de todos los helados, el olor de cada jazmín, el brillo de cada constelación. Y ya no importaba cuánta distancia hubiese, ni aquel cielo azulado en un otoño en expansión. Era indiferente que noviembre acabara de terminar. 

El universo era un mito y solo ellos podían hacerlo real.

Conquistarían cada recoveco de un mundo llamado Deirdre y llamarían a sus hijos Luna y Sol. Ya estaba decidido. Vivirían sobre una hoja de nenúfar y comprarían algodón de azúcar los domingos por la mañana. Ella se pintaría las uñas de cada dedo de un color y el llevaría la pulsera de espigas que le había regalado. Su única arma sería de nácar y la esconderían tras los labios.

Aquella idea cobraba fuerza, a cada paso era más sólida. Aquella idea la invadía, lentamente. Aquella idea se derramaba dentro, le recorría los ojos, bajaba por sus labios, le alcanzaba las clavículas y le prendía el corazón. Impulsada desde cada ventrículo le inundaba el estómago. Al ritmo de su respiración, aquella idea, fluía por su vientre, caía en el abismo oculto entre su falda, resbalaba en sus muslos y yacía bajo sus pies.

Aquella idea explosionó, partida en mil millones de colores.
Aquella idea viviría siempre en sus pupilas, el lugar donde se hizo el amor. 




Aida H.C



sábado, 24 de noviembre de 2012

Amor



Vas a descubrir
que aunque duela
siempre
querrás más
y más tendrás
amor
y más serás
amor
amor, serás amor.







sábado, 8 de septiembre de 2012

Le mandaron a la cama sin cenar...






Esa misma noche nació un bosque en la habitación de Max
y creció
y creció hasta que había lianas en el techo
y las paredes se convirtieron en el mundo entero
y apareció un océano con un barco
particular para él y Max se fue
navegando a través del día y de la noche
entrando y saliendo por las semanas
saltándose casi un año hasta llegar
donde viven los monstruos.



- Podéis descargar el libro "Donde viven los monstruos" aquí.
- Este libro también fue llevado al cine de la mano de Spike Jonke.


jueves, 23 de agosto de 2012



He llevado a cabo una labor, una grata labor dirigida al mundo y destinada a consolar nobles corazones: a aquellos a los que aprecio y al mundo sobre el que descansa el mío propio. No me refiero al mundo común, a ese mundo de los que, según he oído decir, no pueden soportar el dolor y únicamente ansían estar inmersos en la felicidad. ¡Que Dios se lo permita!

Mi historia no está dirigida ni a su mundo ni a su forma de vivir; su vida y la mía son dos mundos aparte. Es a otro mundo al que me dirijo, al mundo que lleva en su corazón una carga de dulce amargura, que se deleita con ello y con el dolor de la nostalgia, que ama la vida y se entristece con la muerte, que ama la muerte y se entristece con la vida.

Dejad que tenga mi mundo en ese mundo, que me condene y me salve con él.


domingo, 19 de agosto de 2012

Rostro de un beso


Blue Valantine

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.


Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos, el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.


miércoles, 8 de agosto de 2012



"Esta es la foto que tenía mi madre en su dormitorio. Cuando era un niño creía que era mi mano regalándole margaritas. Ahora lo veo de otra forma. Y pienso que es su mano la que me ofrece las margaritas a mí, mientras dice: Toma, algo sencillo y alegre es lo que quise entregarte".


Desde el primer minuto sabes que estás frente a una historia tan humanamente real que hiere. Aun así, cada segundo disfrutas de la delicia que contiene cada fotograma, la luz, las miradas, las palabras, los objetos, cada melodía. Con cada segundo experimentas una extraña sensación de pérdida; te acercas al final, la belleza es efímera. 





Inanimados



Eso que ves a la deriva es mi visión de la vida. Lo hago constantemente. Floto y fluyo.

Antes vivía preocupada porque necesitaba saber hacia dónde iba. Ahora sé que solo necesito creer que voy a alguna parte, aunque solo sea para sobrevivir. Y a veces me entristece no tener un rumbo, no elegir un camino, no conseguir definir un trayecto y llegar hasta él. Otras veces comprendo que ni es tan malo ni tiene tanta importancia. Sigo a flote, a la deriva, pero a flote. Y observo el mundo y lo que contiene. Cada objeto inanimado es un pedazo de alguna historia, la declaración de una persona o una metáfora de la vida.

Crecí en una casa donde no se solía hablar demasiado, donde el silencio formaba parte de la dinámica del día a día. Y simplemente aprendí a mirar al mundo. Un acto fascinante, doloroso, adictivo.


Aida H.C

martes, 3 de julio de 2012

¿Por qué?


Elegimos nuestro camino a lo largo de interminables estanterías seleccionando este o aquel volumen por ninguna razón claramente discernible: por la cubierta, por el título, por un nombre, por algo que alguien dijo o no dijo, por una corazonada, por capricho, por error, porque creemos que podemos encontrar en ese libro un relato, un personaje o un detalle determinados, porque creemos que fue escrito para nosotros, porque creemos que fue escrito para cualquiera menos para nosotros y queremos saber por qué hemos sido excluidos, porque queremos aprender, o queremos reír o queremos entregarnos al olvido.




- Vía Librosfera

sábado, 23 de junio de 2012

Mi


"Veo un músico, un músico famoso. Van a suspenderme en Cultura General porque reconozco su cara y no recuerdo su nombre. ¿Por qué serán tan feos los grandes músicos y tendrán el ceño y el mentón crispado y cara de muleros, cuando sus almas deben ser de seda y su corazón del olor de una flor? Sus dedos resbalan sobre el piano y mi alma se sobrecoge porque lo que esta creando es bellísimo. Me gusta y me admiro de lo que oigo tanto como mi capacidad para retenerlo, ya casi me lo sé de me memoria. La razón es muy sencilla. El pianista comienza, se inspira, sus dedos tan pronto rozan como golpean, como acarician las teclas. Pero al llegar a un punto determinado, se detiene, tuerce el gesto, alza los ojos al vacío, buscando algo que no encuentra, se enfada, y cierra con violencia el piano. 

Le veo pasear, golpear el suelo con los pies como un niño rabioso. Vuelve al piano. Cuando son sus dedos los que hablan, vuelvo a quedar extasiada. Pero al llegar al mismo punto que antes, se detiene, se peina los cabellos y jura no pasar adelante sin encontrar lo que busca. Y entonces, solo entonces, caigo en la cuenta de que a quien busca es a mí. A mí, en la doble acepción del término: porque yo soy "mi", la nota musical "mi", y me he escurrido voluntariamente de su inspiración porque hoy es mi cumpleaños y quiero tomarme unas vacaciones. Además, me enfada tanta obstinación. Tiene mil combinaciones posibles para seguir adelante sin necesidad de utilizarme. Estoy agazapada, sin moverme de mi escondrijo. En el momento mismo en que me desplace o intente cambiar de postura, me advertirá: "Aquí te tengo" -dirá triunfal. Y me utilizará como un escritor utiliza una diéresis o unos puntos suspensivos. Y hoy quiero ser para mí misma. Me había prometido una noche de libertad y lo conseguiré mal que le pese a este monstruo de la naturaleza: tirano de los de su especie.

Cuando yo era pequeña, era un puro sonido cristalino producido por una gota de agua al chocar con una piedra en un manantial que nacía del Kilimanjaro. A pesar de mis pocos años no tarde en comprender que un ruiseñor se había prendado de mí. Se posaba una y otra vez sobre una rama que se abatía sobre el agua y me escuchaba con profunda atención. Movía la cabeza con gran complacencia intentando percibirme, y aunque eran muchas las distintas notas que brotaban de aquel manantial, cuando la que sonaba era yo, experimentaba un extraño temblor y sus plumas se espojoneaban de placer. Una mañana, al alba, no podre olvidarlo nunca, el ruiseñor se puso a cantar. Había conseguido meter en sus garganta a casi todas las notas de lo que hoy se llama pentagrama, excepto a mí. No puedo ocultar que fui feliz cuando me raptó, porque era mucho más fascinante viajar con él que permanecer siglos y siglos anunciando a la gota que caía sobre la piedra.

El ruiseñor fue un excelente maestro de cantores y, a lo largo del tiempo, fui siendo heredera de padres a hijos por los descendientes de quien me robó. Hasta que un día, pasados los siglos, vi que un hombre peludo hacia con el ruiseñor lo que el ruiseñor hizo con la gota de agua. Tenia en los labios un instrumento formado de varios tubos de caña que creo que ahora se llaman "siringa", y soplaba por ellos y producía sonidos; unos gratos, desapacibles otros. Intentaba sobre todo imitar una nota que la garganta del ruiseñor poseía, pero su siringa no. Cuando lo consiguió, mi destino cambió de norte. ¿Mentiría al decir que fui más feliz con los ruiseñores que con el manantial, y más aún con los hombres que con los ruiseñores? Estos son más perversos, pero más artistas. El ruiseñor me usaba para advertir a sus congéneres y sus rivales que en aquella fronda había establecido su cazadero de moscas, mosquitos y pulgones voladores, y que nadie se atreviese a acercarse. Hora es ya de deshacer el equivoco de que los ruiseñores cantan para atraer a su pareja. Mentira. El suyo no es un canto de amor, sino de guerra. Y si las hembras se acercan a ellos es porque saben que tienen piso, que están bien instalados, y que ese no seria mal sitio para erigir un hogar. El hombre, en cambio, me utiliza sin buscar en mí utilidad alguna. He sido una nota muy feliz con los humanos. Solo por placer. Por gusto de crear y recrearse conmigo. He sido una nota muy feliz con los humanos. Han abusado de mí, pero...

¿de quien no han abusado?"



Os recomiendo ver la película El velo pintado (The painted veil), una película que muestra la gran calidad del actor Edward Norton. Nunca es tarde para recapacitar sobre cada uno de los pasos dados en la vida, aunque solo nos quede eso, recordarlos con alegría o con dolor, nunca es tarde para estrujarlos hasta que derramen ese gota de sabiduría. 

miércoles, 20 de junio de 2012

Adiós a Spinetti



Victor Spinetti con John Lennon y Yoko Ono en el Teatro Nacional en la 
noche del estreno de In His Own Write.


Vittorio Giorgio Andrea Spinetti (2 de septiembre de 1929 – 18 de junio de 2012), Victor Spinetti o simplemente Vic, como le llamaban sus allegados, ha fallecido hoy a los 82 años de edad al no poder superar la batalla contra el cáncer de próstata del que estaba afectado. Todo comenzó cuando en febrero del año pasado (2011) Spinneti acudió al hospital aquejado de una fractura en la columna vertebral provocada por una caída mientras actuaba en una obra teatral. A poco menos de un mes de su última entrevista, concedida al periódico Wales, el actor confesaba que posiblemente su enfermedad no fuera tratable y que desconocía "cuanto tiempo voy a estar aquí".
El magnético actor fue reconocido internacionalmente cuando, en la década de los sesenta, aceptó actuar por petición expresa de los cantantes de la famosa banda de rock inglés Los Beatles, en tres de las películas que protagonizaban. La comedia Hard Day's Night (1964), el vídeo que sirvió como promoción al disco de los músicos británicos, Help! (1965) y finalmente la película considerada de culto Magical Mystery Tour (1967), fueron los éxitos que dieron a conocer al mundo el talento y la calidad artística de Spinetti. Luego sobrevinieron 31 películas y otras tantas obras teatrales que pusieron de manifiesto lo que para otros muchos compañeros de trabajo y amigos -como George Harrison, Paul McCartney,  o Richard Burton- era ya algo patente: la calidad humana, la perspicacia y el ingenio de este actor humilde en sus orígenes y grande en su legado. 


De ojos oscuros, nariz respingona, pelo corto, y rostro caracterizado por una mirada y expresión nostálgica, al cómico le gustaba decir de sí mismo que era "el wop* de Gales", haciendo referencia a sus orígenes italianos y a su nacimiento en Cwm, Ebbw Vale, (País de Gales) en 1929. Desde su juventud su familia siempre reconoció su talento para el mundo artístico, animándole a que estudiara en The Royal Welsh College of Music & Drama, siendo allí donde conoció a su pareja Graham Curnow con quien compartió una relación hasta su muerte, 44 años después; se cuenta que el joven Graham al ver por primera vez a Spinetti comentó: "Apuesto a que tienes los ojos mas bonitos, pero esas jodidas gafas no me dejan verlos". La figura del artista tampoco resultó indiferente para estrellas como George Harrison, quien insistía en que él siempre estuviera presente en todas sus películas porque "si no estás en ellas, mi madre no querrá venir a verlas -le fascinas"; otros como Paul McCartney lo describen como "el hombre que hace desaparecer las nubes". Pero si hay alguien de quien el cómico fuera amigo inseparable fue John Lennon, con quien pasó innumerables noches y a quien ayudó a transformar en teatro las historias de su libro In his own write . Y es que Victor Spinetti no dejó jamás de sorprender al público -ni a sus amigos- y se mostró magistral en películas como La mujer indomable, Bajo el bosque lácteo (Zeffirelli) y otras como El viaje de los malditos o El regreso de la Pantera Rosa. Según sus palabras, en el último año, el hombre que amó a Los Beatles, bromeaba diciendo que estaba haciendo un nuevo tipo de gira: "Ahora mantengo a los compañeros del hospital entretenidos contándoles mis historias".




Como la persona extraordinaria a la que hoy rinden homenaje muchos famosos y familiares, Spinetti supo apreciar la vida hasta en los momentos más duros de la enfermedad "Voy a ser honesto, nunca me he sentido mejor". Confesó haberse sentido acompañado, querido y apoyado pese a estar siendo una molestia para sus familiares y "encontrar esa pepita de la compasión humana es fabuloso". En los últimas semanas en  las que estuvo ingresado en el hospital de Monmouth, Spinetti se quejaba del dolor de la columna vertebral y estaba siendo sometido a un tratamiento de radioterapia, sin embargo, se sentía agradecido por el trabajo del equipo sanitario y comentaba que pasaba sus días leyendo La baronesa (Ralph Barby). Quizá, como la protagonista de la novela gótica que leía, Spinetti, ya no pueda morir, su recuerdo es inmortal. 

Os dejo con una magnífica escena de esta película, Magican Mystery Tour, en la que Spinetti interpreta a un excéntrico y particular militar de la Armada Británica.


*Wop: término inglés con el que se hace referencia de forma jocosa a la informalidad "característica" de aquellos que proceden del Sur de Italia. 

lunes, 18 de junio de 2012

La negación


No quería hablar de las decepciones, del desengaño, ni de todas aquellas situaciones incómodas que la habían llevado a aislarse. Construyó con libros su hogar; abiertos en sesenta grados eran su tejado, abiertos de par en par, su colchón, y apilados unos sobre otros, su almohada. No necesitaba más para continuar caminando hacia un destino incierto y amable.

Ella no quería hablar de los otros. No quería hablar del tiempo pasado, ni de como había intentado estirarlo, como uno de esos viejos chicles que permanecen pegados bajo los pupitres, año tras año. Cada recuerdo, inerte e inmóvil, permanecía ocupando un espacio bajo su coraza. Y no deseaba hablar del atisbo de dolor que le punzaba el pecho, ni de la confusión que le generaban aquellos desvelos. Se asfixiaba convenciéndose de que no tenía nada que decir de todas esas vivencias.

Y allí donde la encontrases siempre calzaba las mismas frases, contaba las mismas historias, repetía los mismos detalles, vestía las mismas mentiras. No dejaba de repetirse que no quería hablar de todo aquello, una y otra vez, incesante, se negaba a sí misma: no quiero hablar.

Su imagen era poliédrica y opaca, pero, a veces, al mirarla, no podías evitar pensar que en algún momento inesperado y sorpresivo surgiría una chispa que la hiciera reconocerse. En ocasiones pensé que quizá el eco de su propia voz, un golpe, una pesadilla o una caída fortuita la harían escucharse desde fuera hacia dentro, dándose cuenta así de lo absurdo de su propósito.

Sin embargo, allí estaba yo, a su lado, incapaz de romper la ilusión, viendo lo que ella no veía y escuchando la historia de aquello de lo que nunca quería hablar.